Poder y libertad en ‘Las escalofriantes aventuras de Sabrina’

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Crítica, Netflix, Serie

Poder y libertad en ‘Las escalofriantes aventuras de Sabrina’

La primera temporada de la serie nos deja con muchas ganas de volver a Greendale y nos da la sensación que la Sabrina de Kiernan Shipka tiene potencial para convertirse en la Buffy Summers de la generación del siglo XXI

ATENCIÓN SPOILERS

Las escalofriantes aventuras de Sabrina enfrentan desde el principio a su joven protagonista ante el dilema de elegir entre una vida como humana o como bruja. En pleno proceso de construcción de su identidad como individuo tiene la presión de elegir ser solo una cosa; como ocurre con los hijos de inmigrantes que crecen en otra cultura, o los criados en familias con progenitores de diferentes grupos étnicos, llega un momento en la vida en el que por razones sociales los obligan a sentir o defender más una bandera o un color. Pero por qué definirse en un solo punto del espectro, ya lo dijo Kiernan Shipka en la voz de su personaje Sally Draper en Mad Men: “I’m so many people”.

Sabrina es una adolescente y hay muchos adjetivos con los que podríamos definirla, pero su virtud más importante es la de cuestionarlo todo, y ahí es donde se convierte en un modelo muy positivo para su generación, porque el “es que siempre se ha hecho así” no es un argumento, es una excusa, y una traba para el progreso social y cultural. Cuando le dicen que tiene que elegir entre continuar su vida como mortal o bautizarse en la Iglesia de la Noche, le dicen que está eligiendo entre tener poder o libertad, y Sabrina no entiende por qué tiene que perder una por lo otro; ella quiere tenerlo todo, por supuesto.

Podemos acercarnos a esta serie de muchas maneras y disfrutar con lo que nos hable más directamente, ya sea una lectura social o como producto de entretenimiento, pero la nueva Sabrina nunca esconde sus intenciones, y está orgullosa de ellas. La metáfora sobrenatural esta anclada en la realidad social, Sabrina se opone a entregar su alma al Señor Oscuro porque siente que no es una decisión libre, porque el poder que le ofrecen no compensa traicionar sus principios, entregar su cuerpo y rendirle devoción a una cultura androcentrista que oprime a sus mujeres. Es un poder que no es libre, porque como todo patriarcado, la Iglesia de la Noche necesita a sus mujeres controladas; es la representación de la lucha del poder femenino contra la hegemonía masculina.

La mayor muestra de esto es el personaje de Madame Satan, uno de los mejores de la temporada. Es un personaje deliciosamente contradictorio, porque siendo la más poderosa, mantiene ese poder al servicio de un ente del que es realmente su igual. Siempre estuvo cumpliendo una misión pero le recordó a Sabrina hasta el último momento que el poder es suyo, que nadie se lo da, solo tiene que cogerlo. Jugó el papel de villana, pero fue necesario para que Sabrina llevara a término su viaje y, quién sabe, puede que en futuros episodios unan fuerzas, al fin y al cabo tienen un obejtivo común.

Aun existiendo diferencias importantes con relación al cómic, la primera temporada de la serie de Netflix terminó siendo mucho más oscura de lo que pensé al ver los primeros cinco episodios. Los cambios introducidos pueden parecer menos transgesores y radicales, pero consiguen darle conflictos más profundos a los personajes al enfrentarlos a tomar decisiones que no querría contemplar nunca ningún adulto.

El único bache de la temporada es quizá el episodio de los sueños, que no terminó siendo todo lo bueno que debería ser, ni contándonos demasiadas cosas que no supiéramos sobre los personajes, pero los últimos cuatro son lo mejor de la temporada, porque le brindan a todos los personajes la oportunidad de descubrir algo sobre ellos mismos y les da un papel qué cumplir en la trama principal. Pero, sobre todo, porque le dan a Sabrina la oportunidad de equivocarse y aprender que el poder que tiene y aquel al que aspira, como ya sabemos, conlleva una gran responsabilidad.

El descenlance de la primera temporada es satisfactorio a nivel emocional, como en la alquimia de Fullmetal Alchemist: Brotherhood, tiene que existir un intercambio equivalente. Sabrina decide firmar con su sangre en el Libro Oscuro, pero en esta ocasión se enfrenta a la situación en condiciones diferentes: coge el poder que le pertenece y lo usa con libertad, para salvar a las personas que quiere. La última escena del Padre Blackwood, la de la Iglesia de los Señoros Oscuros, en la que levanta a su heredero rodeado vitoreado por los otros varones de su satánica congregación, nos muestra que los retos para Sabrina continúan, pero ahora todas las personas que quiere ya conocen su secreto, convirtió a Prudence en una aliada y cuenta con el apoyo de su familia. Sabrina se siente más poderosa que nunca. Y lo es.

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